D. Manuel Francisco de Lira y Castillo siguió la carrera
militar, hasta que el rey demandó su presencia para ejercer tareas diplomáticas
en Holanda.
A
mediados del XVII La Haya era el centro de la actividad diplomática en
Europa. En 1671, Manuel de Lira, apoyado por Pedro de Aragón, el Duque de
Osuna, el Duque de Alba y el Duque de Medinaceli, sustituyó al embajador D.
Esteban Gambarra en su cargo.
Manuel de
Lira era un diplomático de primer orden, con amplios conocimientos sobre la
hacienda y la defensa. Fue Ministro de la corte de España en la República de
Holanda, donde residía en 1672. A finales de ese año firmó la Liga de Augsburgo
contra Luis XIV de Francia.
En
agosto de 1673 asistió en calidad de Enviado extraordinario de España a la
Alianza con los Estados Generales de las Provincias Unidas que se celebró en La
Haya.
Su estancia
en Flandes le hizo admirar la laboriosidad y organización de los holandeses,
tal y como podemos leer en un memorial dirigido al rey en el que decía:
“Sería de desear que todos los
soberanos y sus ministros fuesen a Holanda a tener su noviciado. Allí verían la
dulzura de su gobierno empleado únicamente en la felicidad de los habitantes,
en la observancia de sus leyes y costumbres, en el fomento de la virtud, de las
manufacturas, del tráfico y del comercio”.
En 1677 fue nombrado caballero de Santiago.
Al morir D. Bartolomé de Legasa, volvió a España en 1679 y
el rey Carlos II le nombró su Secretario de Estado en Italia. Fue también Secretario del
Despacho Universal de Estado en 1690.
Carlos II
Acompañó al rey Carlos II en su viaje a Valladolid para
recibir a la reina Dña. Mariana de Baviera y Neoburg.
Dña.
Mariana era intrigante y ambiciosa y comenzó a ejercer su influencia sobre el
Rey. La reina y sus partidarios comenzaron a intrigar contra el Conde de Oropesa,
que era presidente del Consejo de
Castilla y primer ministro del Rey, y contra su mano derecha, don Manuel de
Lira. Esto, unido a que el marqués de Gastañaga, amigo de Manuel de Lira, tuvo
ciertas discrepancias sobre el Gobierno de Flandes, empujó a éste a escribir
una carta al rey en la que explicaba que había servido al rey durante cuarenta
años en perjuicio de su hacienda y su salud, teniendo que renunciar a su vocación
militar para dedicarse a la diplomacia y a la política. Finalmente le rogaba
que aceptara su renuncia:
“Señor:
quarenta años he servido á V.M. con desperdicio de mi hacienda y de mi sangre.
Sacóseme de la profesión Militar á la política de las Embaxadas, y de ésta á la
del Ministerio en los empleos de Secretario de Estado y del Despacho Universal,
en que he continuado con el zelo y desinterés, de que tengo en V.M. mismo el
mas auténtico y mas autorizado testimonio. De resultas de mis heridas me ha
faltado enteramente la vista; aumentándoseme otros accidentes ya habituales y
repetidos, que necesitan de larga y dudosa curación; no es culpa, sino mérito,
mi propia inutilidad, que me obliga con violencia á representar á V.M. con
respeto y dolor profundo, para no quedar con el cargo de querer proseguir en
los que por falta de mi salud no soy ya capaz de exercer, que es la última
fineza que en servicio de V.M. puede dar de sí mi obligación y mi obsequioso
reconocimiento. Espero de la suma justificación y grandeza de V.M. que reciba
benignamente este sacrificio de mi amor y fidelidad, doliéndose del estado en
que quedo, cargado de servicios, obligaciones y de accidentes. N.Sr. guarde la
C.R. persona de V.M.,&c”.
El rey admitió la dimisión,
otorgándole una plaza en el Consejo y Cámara de las Indias y otros beneficios, que disfrutó brevemente
ya que murió al poco tiempo.
Manuel de Lira fue un magnífico
diplomático, inteligente, consciente de las limitaciones económicas de España,
y pendiente en todo momento de salvaguardar la seguridad española.
Referencias
bibliográficas:
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paz de España. Reynado de Carlos II. Parte II. Madrid: Antonio Marín, Juan
de Zúñiga y Vda de Peralta, 1752, p. 399.
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Antonio. Hijos de Madrid: ilustres en santidad, dignidades, armas, ciencias
y artes; diccionario histórico por el orden alfabético de sus nombres, que
consagra al Illmo. Y nobilísimo Ayuntamiento de la Imperial y Coronada Villa de
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Gardiner Davenport, Frances. European Treaties
Bearing on the History of the United States and Its Dependencies to 1648.
Washington: Carnegie Institutio of Washington, 1917-1937, reed. The Lawbook
Exchange, Ltd, 2012.
Herrero Sánchez, Manuel. “Las Provincias Unidas y la Guerra de
Sucesión Española” Pedralbes, 22 (2002), pp. 131-152
Léonardon,
Henri. “Relation du voyage fait en 1679 au-devant et à la suite de la reine
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4, Nº 4-3, Burdeos: Feret & Fils, 1902, pp. 247-255.
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Príncipe
Adalberto de Baviera y Gabriel Maura Gamazo. Documentos inéditos referentes
a las postrimerías de la casa de Austria en España. Madrid: Real Academia
de la Historia. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2004.
Salinas, David. “La diplomacia española a través de los embajadores en La
Haya (1665-1700). Bulletin Hispanique (1988), Vol. 90, nº 90-3-4, pp.
363-373.
Sempere y Guarinos, Juan. “Representación de don Manuel de Lira
sobre comercio y finanzas de España”. Biblioteca española económico-política,Tomo
IV, Madrid, 1921.
AUTORA: BELÉN HOLGADO

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